Fecha de actualización: Miércoles 8 de febrero de 2023
El celador se contagió de covid en marzo de 2020, prácticamente al inicio de la pandemia, y nunca volvió a ser el mismo. Sufre mareos, taquicardias y fatiga constante. Casi tres años después, el Juzgado de los Social número 2 de Bilbao le ha reconocido la incapacidad permanente absoluta como consecuencia de un contagio que considera «accidente laboral».
Dice la sentencia que el hombre, que trabajaba en una clínica privada de San Sebastián, sufre un «síndrome depresivo grave reactivo» y un «deterioro cognitivo moderado»; es decir, covid persistente. Se traduce en un deterioro cognitivo que le afecta a la concentración, la velocidad de procesamiento y a la memoria. A ello se añaden síntomas físicos como la sensación de mareo, la fatiga, las taquicardias, la inestabilidad o el insomnio. Son circunstancias, dice el juez, incompatibles con sus funciones laborales.
Se da la circunstancia, además, de que el trabajador se contagió en su puesto de trabajo al inicio de la primera ola de la pandemia. El magistrado entiende que lo ocurrido debe entenderse como un «accidente de trabajo», ya que considera que la empresa no aportó suficientes medios de protección. En consecuencia, le otorga la incapacidad.
ABC
Última visita: 08/02/23