Fecha de actualización: Lunes 19 de septiembre de 2022
La incertidumbre que nos produce el entorno complejo en el que nos encontramos (la inflación, la subida de precios de las materias primas o el no cumplimiento de resultados), unido al esfuerzo realizado durante dos años de pandemia, nos ha llevado a un desgaste silencioso y progresivo.
Las principales consecuencias son mayores burnouts (el agotamiento crónico en el trabajo), bajadas del nivel de compromiso de los empleados y sus consecuentes pérdidas de efectividad por la falta de energía individual y grupal. Precisamente, el punto de partida contrario al que necesitamos en este escenario precrisis en el que nos encontramos.
No hay que olvidar que la Organización Mundial de la Salud compartió recientemente que los burnouts están reduciendo la productividad y efectividad de los profesionales. En enero, el organismo ingresó este padecimiento oficialmente a su Clasificación Internacional de Enfermedades y dio un plazo de 18 meses para que cada país adecue su legislación actual para su reconocimiento.
Como explica el experto en efectividad personal, Agustín Peralt, "durante las crisis, las organizaciones requieren de la mejor versión de sus empleados para soportar el duro camino que conllevan y no caer derrotados, y para esto deben ser más efectivos que nunca". En la mayoría de los casos, las compañías necesitan hacer las cosas mejor, si bien, con plantillas reducidas o reestructuraciones recientes.
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Última visita: 19/09/2022