Fecha de actualización: Lunes 29 de junio de 2020
Nos hemos lanzado a la piscina del teletrabajo y lo estamos descubriendo sobre la marcha. Ya le vemos las ventajas, sufrimos los inconvenientes y sospechamos las trampas, pero en realidad esto que hemos hecho hasta ahora no ha sido teletrabajo, ha sido una cosa a lo loco y de supervivencia.
Hay que organizarlo, en eso coincide todo el mundo. ¿Cómo? Ahí empiezan las diferencias, ya esta misma semana con el anteproyecto de la ley que prepara el Gobierno, publicado por EL PAÍS. Plantea que será voluntario, la empresa deberá pagar todos los costes, el trabajador puede negociar un horario flexible y tiene derecho a desconectar, es decir, a no responder correos o llamadas en su tiempo de descanso.
Esto abre muchas preguntas. ¿Hasta dónde llega ese coste? Una buena silla ergonómica, una pantalla grande, el wifi, pero quizá también el aire acondicionado si es necesario, o parte de la factura de la luz. La empresa, por otro lado, debería verificar que el lugar de trabajo es idóneo para los criterios de salud laboral: es decir, enviar a un responsable a la casa del empleado para comprobarlo.
Lo que inquieta a los sindicatos son las posibles perversiones del asunto. Son dos los principales temores de las centrales. Uno, que la nueva ley no entre en detalles y deje todo a la negociación colectiva. Temen tener que regatear empresa a empresa cómo tienen que ser los auriculares de un teleoperador. Y dos, los sindicatos no tienen forma de vigilar que se cumpla la ley. ¿Cómo se hace una inspección de trabajo si cada empleado está en su casa?
El País
Última visita: 29/06/20